viernes, 19 de junio de 2009

LA ONDINA

LA ONDINA

Por Ignacio Pantoja

—Estimado viajero —dijo ella—, te has acercado a mi lago a pesar de las prohibiciones de cruzar el umbral de la verja y caminar entre mis dominios.
Así se expresaba delante de Adren, una ondina pelirroja de ojos azules y pecas.

Adren había cruzado las puertas del jardín prohibido, lleno de las plantas y flores más exhuberantes que se puedan imaginar, de gran tamaño exoticos colores y jugosos frutos y se había acercado a la orilla del lago simplemente por la curiosidad de ver el jardin y de beber en las magnificas aguas de su lago.

—¿Quién eres tú? —dijo de manera muy tímida.


—Soy la guardiana del lago —le respondió ella de manera altanera.

Adren se metió lentamente en el lago y la ondina se le acercó. Adren la miraba con lujuria, era tan rabiosamente hermosa-

Cayeron en lo que él creyó un beso apasionado de amor, poco después se habían juntado tanto que no se distinguían el uno del otro, haciendo el amor a la orilla del río. Se besaron en la orilla, Adren tocó sus hermosos pechos mientras el agua tibia los envolvía y despues pasaron a hacer el acto sexual

En ese momento Adren observó que la ondina ya no tenía esa piel suave sino una piel dura y escamosa como la de un reptil, después vio cómo su cara y sus ojos ya no eran los mismos sino que se ponian de color rojo y le aparecian unos colmillos.

Al poco tiempo se habia convertido en un enorme reptil de tres metros y enormes garras.

Antes de que pudiera emitir un grito de terror, la criatura había cambiado y empezaba a desgarra con sus afilados colmillos todo su cuerpo, convirtiendo lo que antes habían sido caricias dulces en horribles dolores llenos de sangre. Adren murió antes de entender qué había pasado

Cuando el cuerpo de Adren cayó de sus fauces, el monstruo volvió a la laguna a esperar a su siguiente víctima.

1 comentario:

Elena dijo...

Hola! Que tal estas primo? Esta tarde he leido el relato que has publicado en el lbro Esa cosquilla molesta. La verdad es de vez en cuando entro a ver que escribes, aunque no tengo mucho tiempo con la niña de dejarte comentarios. Me gustan tus relatos, pero me parecen muy pesimistas, como te gusta sacar lo peor del ser humano jeje

Me seguire metiendo para leerte. Besos, Elena

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