lunes, 20 de abril de 2009

El Gris

EL GRIS


Subía cansado, hacía ya mucho tiempo que avanzaba por la cumbre, horas y horas de sufrimiento, desazón…
Deseaba llegar a la cima, era K.P. Roostringerd, el primer explorador que escalaba esa montaña de Marte, ahora casi estaba llegando… rojo, rojo, rojo. Tierra roja como la sangre que brotaba de sus piernas y su nariz, polvo rojo, tormentas rojas, nubes rojas, planeta maldito.
Poco a poco avanzaba a duras penas. Cuando pudo contemplar toda la cumbre de la cima una presencia se le apareció

«Un niño», pensó, pero no era un niño, era un ser de color grisáceo, de extrema flaqueza y grandes y ovalados ojos que le observaban.
—¡Santa María, Madre de Dios —exclamó y sacó el crucifijo de debajo de su grueso abrigo.
El gris se acercó hacia él.
—¡Vade retro, demonio! —le espetó, se sentía violento, había oído hablar mucho de esos seres pero jamás pensó que se toparia con ninguno.
El gris seguía hermético, sin expresión, entonces oyó su voz en su mente:
«Largo de aquí, humano».
Se asustó, pero replicó:
—El único que se va a ir de aquí eres tú. Marte ha sido conquista por la Tierra en nombre del presidente John Wytzen
«Los humanos sois animales, la única raza que conquista somos nosotros. Te advierto que no des ni un paso más».
—¡Jamás, chupadores de cuerpos! —Y empuñó su arma contra la criatura.

Fue lo último que sintió.

Pasados siglos cuando la humanidad se instaló definitivamente en Marte, la tumba de K.P. Roostringerd dio nombre a esa comarca y a la cordillera que se extiende a lo largo de ella hasta las nubes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Preciosa metáfora del descubrimiento de América y del colonialismo. Digna de un genio literario. Saludos.

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