martes, 14 de octubre de 2008

El Precio a Pagar

Zaira había vuelto a tener ese sueño y se levantaba sudando, como cuando era pequeña, pero ahora era mas real, ese fuego, ese calor que la abrasaba, sentía que le dolían las rodillas, el pecho, las piernas, las palmas de las manos y de los pies, veía fuego en su sueño, fuego y mas fuego, dolor y mas dolor, su cabeza parecía que le iba a estallar, se despertó de golpe, sudando con la boca ardiendo y las palmas de las manos enrojecidas, corrió al cuarto de baño y bebió agua fría, se frotó la cara y se dió una ducha helada y se secó y descansó tranquila.

No era la primera vez ni la segunda, pero pocas veces le pasaba y no presagiaba nada bueno, recordó aquel niño quemado en el cuarto de baño de primaria o aquella señora que se quedó encerrada dentro de su tienda, había tenido esas pesadillas otras veces, sin contar aquel cumpleaños de los chicos de la casa de al lado, todos habían acabado en fuego y en entierros, no quería pensar en ello, y menos porque sabia que ella tenía algo de culpa

Ahora Zaira a sus 17 años de edad pensaba que había de tener el poder de empezar a actuar y detener eso, tenía que controlarlo, fijarse en que querían decir sus sueños y poder evitarlos, se vistió en su cuarto y se sentó sobre la cama y cerró los ojos y se concentró, entonces vino como un tornado, fuego y mas fuego, abrió los ojos asustada, no podía ver mucho, solo aquellas caras desgarradoras y aquellos gritos.

Zaira, se intento tranquilizar y comenzó su día, saludó sin muchos ánimos a sus padres; sus padres ya presentían que ella estaba mal, así que tampoco la quisieron agobiar mucho. Aquellos días de descanso en la urbanización estaba aburridísima, como toda persona que se salía de la campana de Gauss; había aprobado todas con sobresaliente y el verano se le antojaba largo y aburrido, solo ver pasar los días, uno a uno; las relaciones con la gente de su edad no le interesaban mucho, sólo de vez en cuando hablar un rato, jugar a las cartas; pero salir, mantener relaciones con otros chicos era algo que no le gustaba y por ello siempre la consideraban muy rarita.

Zaira prefería mas leer, con dos años ya se había leído todos los libros de su casa y con tres todos los de la biblioteca del barrio, con siete años aprobó la primaria y con once la secundaria y con 16 ya empezó la universidad y ahora había terminado el segundo curso

En clase se sentía totalmente sola, intentaba hablar con los demás compañeros pero no entendían su lenguaje ni lo que quería decir, pensaba de ellos que les interesaban cosas solo superficiales y banales de la vida así que solo le gustaba estar sola y nada más

Zaira salió a darse un baño, de lejos saludó a unos compañeros con quienes a veces jugaba a las cartas y hablaba de cosas triviales, se bañó e hizo dos largos, entonces lo sintió, vio ese fuego otra vez, lo sintió al meter la cabeza debajo del agua, esas caras desgarradas, esos gritos de dolor, sintió calor, como si todo el agua de la piscina estuviese hirviendo.

- Cof, cof- sacó la cabeza fuera del agua, tosiendo

-¡¡Zaira!!- gritó una chica desde la toalla

-Zaira, estás bien?- dijo otro chico a su lado

"Si"- dijo ella moviendo la cabeza de arriba abajo

Salió de la piscina lentamente y se puso a hablar con ellos, después jugaron a las cartas y después volvieron a la piscina a jugar a la pelota, durante ese tiempo se pudo decir que incluso Zaira pudo olvidar todo lo que su cuerpo y su mente estaban sintiendo, cuando entonces ocurrió algo

Más bien pasó algo, o alguien llegó, fueron dos niños, un niño de unos ocho años y su hermana de unos cinco, dos niños muy blancos y rubitos que empezaban a chapotear a los pies de su madre en la orilla de la piscina, Zaira los miraba aterrorizada; Zaira no se dio cuenta de que los demás chicos habían parado el juego para mirarla; Zaira salió corriendo. ?Dónde vas- preguntó alguno, pero no hubo respuesta, sin mas que añadir siguieron jugando, siempre había sido la rarita del grupo

Cuando llegó a su casa, subió a su cuarto, sus padres al verle la cara comprendieron la situación perfectamente y supieron que hoy no les acompañaría a comer.

Se tumbó en la cama presa del dolor, la asfixia y el horror, el corazón le latía a lo bestia, los brazos y las piernas le dolían, las manos la ardían, la cabeza parecía que le iba a estallar de un momento a otro ¿eran ellos?, los dos niños, los dos hermanos, aquella noche, juntos, solos, en su casa, en la urbanización, sus caras se deshacían del horror, sus rostros angelicales ardían, sus cabezas se llenaban de quemaduras y se volvían de colores rojos y negros

Sus ojos y sus miradas infantiles se volvían grotescos y monstruosos, Zaira dió vueltas, se retorció en la cama, pero no gritó, no profirió ni un solo murmullo, ardió en silencio.

Después de varias horas ya empezaba a anochecer, hacia frío fuera, sus padres se habían marchado quizá al cine, quizá a ver a unos amigos, era el momento de parar lo que ella misma había provocado

Se puso los zapatos, una sudadera y salió corriendo, el ocaso estaba terminando, corrió todo lo que pudo hasta jadear y llegó hasta la caseta del guarda, llamó primero con educación, pero después con nerviosismo y agitación

-Abra!!, abra!!

-Qué quieres¿?- oyó una voz por detrás- esas nos son formas de llamar niña, donde te han enseñado educación- y vió aparecer una conocida figura de sesenta y tantos años de edad

-Necesito saber donde viven dos niños pequeños, una niña y un niño de 5 y 8 años más o menos, muy rubios los dos

El guarda la vió tan nerviosa que se olvidó de la educación y le respondió

-Creo que el portal 49, pero para qué lo quieres¿?

Y con un rapidísimo gracias mientras se iba corriendo, salio en busca de ese portal, ya lo sentía, el incendio había empezado, los niños ya se habían dado cuenta, corrió y corrió, los niños estaban llorando, ya empezaba a hacer calor, ya empezaba ella a abrasarse, ya le dolía el cuerpo y la cabeza

Por fin, portal 49, la calle vacía, ni un susurro, solo los gritos de los niños y la luz, la luz, no de la casa sino la luz chispeante y ardiente, los gritos que no son escuchados

Zaira comenzó a llorar

-Aquí estoy!!, aquí estoy!!, no tengáis miedo!!!

Zaira al final consiguió encontrar una vieja pala que se usaba para quitar la nieva y rompió el cristal de la ventana, los niños lloraban , pero hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban para sacarlos por la ventana mientras alzaban sus manitas desde el otro lado, una vez fuera el niño le dejó su móvil para llamar a su mamá. "quién puede dejar a sus hijos solos", Zaira llamó y llamó, hasta que cogieron el teléfono

¿Quién es?- respondió una voz femenina

-Es que no ven que sus hijos podrían haber muerto!!!- chillo Zaira cabreadísima y colgó

Pasadas las horas llegaron los bomberos y los demás vecinos y ayudaron a Zaira y a los demás niños a recuperarse, aunque los padres de Zaira sabían que ya nada podía ayudarla.

-Y sus padres- pregunto Zaira a un policía-

El policía miró hacia abajo

-No volverán, han tenido un accidente

-Como que no volverán¿?

El policía se acercó

Iban a casa de unos amigos, pero a medio camino por alguna razón, alguna llamada mientras paso todo esto dieron la vuelta y un camión lleno de gasolina chocó con ellos, no ha quedado de ellos ni las cenizas

Zaira sintió un calambre por todo su cuerpo y sintió que su cabeza le ardía "el incendio no era solo por los niños!! E hice esa llamada!!!"
Y se dió cuenta de que aún le quedaba mucho que mejorar y que sus pesadillas no han hecho más que empezar


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Vivo que no es poco; Pienso, no todos lo hacen; Quiero a quien se lo merece y Muero por volver a verte

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